El fin de la infancia
Mayo 8, 2009
A veces la recuerdo, con mucha o poca memoria, con detalles específicos y fantasías inventadas. Recuerdo la felicidad, antes de empezar a vivir esta rutina semiadulta. La felicidad pura que ni siquiera me atrevía a retar, que no juzgaba y no criticaba. Mi felicidad era simple, desgarradora, perfecta. Fines de semana en la playa, la piromanía a millón, las tijeras y mis cortes de cabello, mi falta de cejas, mi soledad tan llena de tranquilidad. Pero cuando uno crece ya nada huele ni se siente igual. Es más dificil sentirse pleno. En mi caso me convertí en alguien más hipersensible al mundo. La demencia me gustaba. En días como hoy, cuando la infancia llega como un temblor a mi cerebro, cuando me pongo a recordar aquellos tiempos, tan solo quisiera regresar, nunca fui de las que pensaba “quiero ser grande”, pero definitivamente sí pienso “quiero ser pequeña”. Allí están mis recuerdos felices y mi nostalgia, mi soledad en la escuela y mis aventuras en la playa, las diferentes elecciones vocacionales y mis viejos libros. Todo está allá, en quién sabe donde, pero ya no existe, y noe xistirá de nuevo, me da nostalgia tan solo recordar. Allá quedó donna y sus ojos llorozos, el apartamento de abajo que yo creía que era china, los vasos sobre la pared para oir a los vecinos, los besos en el jardín de infancia, los juguetes teniendo sexo, las llamadas telefónicas sobre neveras que andan, incompresión y refugio, eso es lo que quisiera ahora, todo eso y más. Pero estoy aquí, no sé a dónde voy, ni que pasará conmigo, no me da miedo, pero espero que pueda llegar a ser tan feliz como aquellos tiempos. Porque a diferencia de mucha gente que conozco, yo aún soy pequeña por dentro, una niña llena de esperanza y felicidad interna, me contento con pequeñas cosas que nadie toma en cuenta, y aún tengo ese aire de alegría instantánea que tanto agradezco tener, es una lástima que esa felicidad se mezclara con el mundo y que aveces se vea afectada por todos los desastres de la sociedad… pero no importa. De dónde vengo, hacia donde voy.. eso es lo que importa. Porque a fin de cuentas, todos somos ególatras, y solo queremos el bienestar personal.
mi primer beso
Enero 26, 2009
Él tenía mi misma altura, aunque en verdad no recuerdo ese detalle. Tampoco recuerdo su edad, ni su cumpleaños, a pesar de que tengo muy buena memoria. Al colegio siempre llevaba una chaqueta de BlueJean azul que dentro tenía un estampado de autos de carreras, me parecía una chaqueta cool. Tenía ojos pequeños, cabello marrón, cachetesd inflados, le faltaban algunos dientes, pero me gustaba, así de simple.
Una mañana, a toda la clase nos llevaron al salón de audiovisuales para ver una película. Recuerdo que pusieron a los Simpsons. Yo estaba sentada al final del aula, miraba la película, cuando de repente siento que alguien me patea el asiento. Volteo y era él.. el chico que me gustaba. Se sentó a mi lado, conversamos un poco (alguna tontería de niños) y finalmente me abrazó, sentí que me derretía, que el frío del aire acondicionado se había esfumado, que la película y el resto de la clase habían desaparecido. Él me seguía abrazando,y ambos nos abrigamos abajo de aquellos autitos de carrera, quedando completamente a oscuras nuestros rostros. De pronto, sentí un beso, mientras observaba a un niño de la clase viendonos mientras se reía con euforia. Gabriel y yo decidimos irnos a otras sillas, y allí continuamos la extraña aventura de besar. Besos demasiado apasionados para niños de cinco años, diría yo. Después de la película regresamos al aula normal, donde continuamos con la pasión inocente, debajo de un banco. Pero el día se esfumó y más nunca volvimos a acercarnos.
infancia vs. adultez (I)
Octubre 25, 2008
Es una pantalla dividida en dos.
Del lado izquierdo: una pequeña niña de siete años, rubia, con el cabello corto, delgada. Se encuentra en “la hora del recreo” del colegio donde estudia, conocido como “primer recreo” (dura 30 min, el segundo recreo dura solo 15 min). Está sentada en una columna escondida al final del patio. Está leyendo un cuento llamado “El Patito Feo”. De reojo mira cómo sus compañeros de clases desayunan en grupos y juegan a la ere. Una extraña sensación se apodera de ella: quiere desayunar con alguien, quiere jugar a la ere. Pero algo se lo impide, no sabe qué es. Nadie la invita. Se siente sola. Sigue leyendo “El Patito Feo”, esperando con ansias que el recreo termine de una vez por todas.
Del lado derecho: una joven de 17 años, rubia, con el cabello largo, delgada. Se encuentra en el salón 104 de la universidad donde estudia, espera la clase de Física, pero el profesor no ha llegado. Está sentada en el último mesón del salón, en la esquina. Está leyendo una novela llamada “La Tregua”. De reojo mira cómo sus nuevos compañeros de clases están sentados alrededor de un solo mesón mientras juegan a las cartas y hablan de sí mismos. Una extraña sensación se apodera de ella: quiere sentirse cómoda, quiere jugar a las cartas. Pero algo se lo impide, no sabe qué es. Nadie la invita. Se siente sola. Sigue leyendo “La Tregua”, esperando con ansias que el profesor llegue de una vez por todas.